7 de septiembre de 2010

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Cuando tenía 65 años fui al ginecólogo a hacerme la revisión anual. Me visitó y me dijo que me encontraba bien, pero aún así, que me hiciera una mamografía, ya que hacía tiempo que no me hacía ninguna. Me comentó que le podía decir el resultado por teléfono en cuanto lo tuviera. Y así lo hice. Cuando tuve el resultado lo llamé. Entonces me dijo que fuera a visitarme de nuevo.

Una vez allí me comentó que los resultados indicaban la presencia de micro-calcificaciones, y que había que hacer una biopsia. Unos días mas tarde, el médico me dijo que lo que tenía era un cáncer de pecho. La situación era peligrosa y podía avanzar muy deprisa. La solución era extirparme el pecho.

Recibir esta noticia fue un golpe muy duro, y la palabra CÁNCER siempre asusta mucho. No fue nada fácil aceptarlo, pero poco a poco me fui mentalizando y cogiendo fuerzas para afrontarlo. Mi postura fue en todo momento la de querer saber lo que había, le dije al médico que no quería que me ocultara nada, y así fue. Él me dio un gran apoyo, me dio una serie de explicaciones que realmente consiguieron tranquilizarme y al mismo tiempo animarme.

En la operación me quitaron 19 ganglios, que mas tarde fueron analizados, afortunadamente resultó que no había ninguno afectado. Eso fue una buena señal, significaba que había cogido un cáncer muy a tiempo y que no había de hacer tratamientos de quimioterapia ni radioterapia.

Aún así me dijeron que fuera al oncólogo para que llevara el control. En un inicio tenía que ir una vez cada tres meses y empecé a tomar Tamoxifeno, que es un fármaco que reduce la probabilidad de que se desarrolle el cáncer. Lo tomé como prevención durante seis años y no tuve ningún tipo de recaída. Pasado este tiempo, empecé a visitarme cada seis meses, y a hacerme una mamografía una vez al año.

Han pasado ya trece años desde que todo esto empezó y sigo estando bien. Actualmente lo veo todo muy lejano, forma parte del pasado, y me siento tranquila.





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